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El diablo sabe más por viejo que por diablo. O no?

3 06 2007

Cuando buscamos pareja solemos tener una idea aproximada de lo que deseamos: rostro, ojos, cabello, cuerpo, piernas, personalidad, intereses. Con esta descripción creamos un patrón contra el que comparamos a nuestras candidatas, observando las cosas que faltan y las que sobran, seleccionando a la que, finalmente, más se aproxima al ideal que tenemos en mente.

Este proceso de toma de decisiones se aplica en infinidad de situaciones, es la forma natural de hacerlo, ya que casi nunca disponemos de información objetiva o casi nunca la totalidad de la información que tenemos es objetiva. Es fundamental para el éxito de la decisión el controlar la subjetividad de manera que los objetivos se tengan claros. Esta capacidad sólo puede ser mejorada con la experiencia: tomamos una decisión con respecto a nuestros esquemas mentales subjetivos, evaluamos el resultado de esta decisión, comparándolos con los objetivos buscados, corregimos los esquemas mentales para reducir los errores cometidos y tomamos una nueva decisión. El diablo sabe más por viejo que por diablo.

Desde siempre, ésta ha sido la forma de tomar decisiones acerca de la conformación del roster de un equipo de béisbol profesional. El gerente general del equipo conversa con el manager y los coaches, quienes le indican las carencias del equipo. A los técnicos se les solicita describir las características que debe tener el jugador ideal a cubrir cada posición vacante. El gerente general, en base a su experiencia y a las disponibilidades del mercado, selecciona un conjunto de candidatos a cubrir alguno de los puestos. Encarga a sus scouts u ojeadores y a sus técnicos la tarea de evaluar el talento de los candidatos. De esta manera, el candidato que más se parezca al ideal descrito será el prioritario a contratar. Si éste no estuviera disponible, iría detrás del segundo más parecido, y así sucesivamente hasta conseguir cubrir la vacante.

Este proceso, llamado difuso, subjetivo o borroso, fue descrito matemáticamente hace más o menos 20 años por los profesores Arnold Kaufmann y Jaime Gil Aluja, para tratar la incertidumbre en la contratación del personal de una empresa. Sin embargo, no fue sino a comienzos de este siglo que el profesor Jaime Gil Lafuente lo aplicó al ámbito deportivo, para tratar la contratación de jugadores en el fútbol profesional. En el fútbol no hay estadísticas y casi todo el proceso de toma de decisión en el fichaje se realiza mediante información subjetiva (con la excepción de parámetros médicos).

La genialidad del modelo matemático utilizado radica en la posibilidad de repetir, con cierta certeza, el proceso que de manera heurística lleva a cabo el gerente general o deportivo del equipo, a quien de ahora en adelante llamaremos el “experto”.

Sin embargo, en el béisbol sucede algo que lo diferencia sustancialmente del fútbol: todo evento es reflejado en una estadística. Es así como nace el movimiento sabermétrico, que cuestiona el proceso de toma de decisión subjetivo, aduciendo que cuando se tiene información objetiva que refleja el rendimiento real de un jugador, la subjetividad pasa a un segundo plano. Según la sabermétrica, podemos establecer en todo momento quien es el mejor jugador de cada posición, sin necesidad de recoger una información que puede variar sustancialmente según el scout que la recoja.

Comienza aquí la guerra entre los defensores del sistema borroso tradicional y los del sistema objetivo sabermétrico. Sin embargo, mi trabajo consistirá en establecer un punto de encuentro en el que los partidarios de una y otra metodología se den cuenta que existen fortalezas y debilidades en sus teorías, y que ambas pueden ser complementarias en vez de rivales.


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